páginas sueltas

Cuaderno de apuntes y recortes de Pablo R. Barriga (Bolivia, 1985).

alemania versus grecia

verloso: miento porque la mentira está en el origen de todo arte

“Que quede claro, no soy embustero ni embaucador. Soy mentiroso. La diferencia es sutil pero vital para mi autoestima. Acreditarme como mentiroso, además de lo paradójico que resulta, me da un aire de elegancia; toda paradoja es elegante y la absoluta elegancia es siempre una paradoja. Nótese que tampoco soy estafador ni farsante. Soy mentiroso. No saco provecho de mis falacias, tal vez sólo placer [...] Tampoco soy mitómano. Soy mentiroso. Mi inclinación por las patrañas no obedece a patología alguna, sino a razones de origen estético, de rebeldía y vanidad. Miento porque no hay verdad. Por afición al relativismo. Por amor a los sofismas. Miento porque la mentira está en el origen de todo arte; la mentira, a no dudarlo, es la más pura forma del arte. Miento porque es la única manera de explicar las cosas. Soy un mentiroso debido a que, por lo común, soy ingenuo: me gusta pensar bien de las personas, quiero creer – yo y las mentiras que me cuento – que el único mentiroso aquí soy yo.” 

Felipe Soto Viterbo, Verloso: artista de la mentira, Mondadori, México, 2009

otra manera de acercarse al arte contemporáneo

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[Publicado originalmente en La Ramona]

1.

Sé lo que van a decirme algunos de los lectores: el arte contemporáneo es abstruso, inmoral y horroroso. Les pido, sin embargo, que se pregunten si han llegado a estas conclusiones tan tajantes después de una reflexión cuidadosa – que el arte contemporáneo la merece, se los aseguro. Si no lo han hecho, les pido que hagan el esfuerzo de olvidar momentáneamente sus prejuicios y se atrevan a considerar el arte contemporáneo con seriedad; puedo asegurarles que un análisis minucioso y paciente de las obras – para quienes estén dispuestos a llevarlo a cabo- traerá consigo la alta recompensa del disfrute estético – en el sentido original de la palabra [1] – de la pieza, un disfrute que no se limita, claro está, a la contemplación, sino que tiene que ver sobre todo con la reflexión y la capacidad de asombro. Si después de dicha consideración aún mantienen su postura, prometo dejarles en paz, con la ganancia de que su posición tendrá cimientos más sólidos. 

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savater: la muerte según spinoza

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“En un momento famoso de la Ética, al final, [Spinoza] dice que el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y toda su sabiduría es sabiduría de la vida. Es decir, la muerte para el ser humano no es nada más que un mal encuentro. Nosotros estamos constantemente haciendo encuentros, tropezando con cosas, con personas, con microbios, con comidas y algunos encuentros nos vienen bien, nos refuerzan, nos dan más salud en todos los sentidos y otros nos son negativos, y antes o después haremos un mal encuentro, del cual no podremos recuperarnos. Según Spinoza, el hombre sabe necesaria la muerte, pero en cierto modo ajena a él, exterior a su naturaleza. Nuestro cuerpo está hecho para la vida y no se emparienta más que con la vida, pero necesita de muchos otros cuerpos para subsistir: un día u otro hace un mal encuentro y tropieza con un cuerpo con el que es incompatible. Eso es la muerte.”

Fernando Savater, “Baruch Spinoza, la filosofía de Dios” en La Aventura de Pensar, Debate, México, 2008, pp. 129 – 130.

¿qué celebran exactamente, señores?

Contraponiendo el fervor y las pasiones que provoca en la mayoría de los sucrenses el festejo del Bicentenario con las dimensiones tan magras de la fiesta – sin invitados internacionales, sin la presencia del presidente -, no puedo evitar pensar en Nietzsche y su idea de que cierta manera de enseñar la historia podía resultar dañina para los pueblos.

Entiendo que la ciudad esté orgullosa de sus glorias pasadas, de la belleza de su arquitectura colonial y republicana y del rol que le tocó jugar en la fundación de este país. Lo curioso es que la historia no de pie en Sucre a la reflexión y la acción, no sirva para la construcción de horizontes de futuro, sino que sea una forma de evasión, una manera de no querer mirar las carencias, una manera de encierro.

Porque, perdónenme lo sonso de la pregunta, pero ¿qué celebran, señores? ¿Qué están en verdad celebrando?  ¿Pertenecer al departamento más pobre del país (70, 6 % de población con incidencia de pobreza)?, ¿al que contribuye menos con el PIB nacional (alrededor del 5%)? ¿O estarán celebrando el haber perdido no sólo la capitalidad plena sino lo que se les ofreció como compensación gracias a la estrategia irresponsable del todo o nada? ¿O el haber aumentado su insularidad y haber fracturado sus relaciones con los campesinos e indígenas del resto del departamento con el vergonzoso acto del 24 de mayo del año pasado?

Cuánta falta le hacen  a Sucre unas elites intelectuales y política responsables y una ciudadanía crítica, capaces de construir una dirección regional coherente y realista, sin sentimentalismos inútiles. Hoy sigue siendo válido aquello que escribiera César Rojas Ríos hace ya más de diez años: “en Sucre [se vive] el futuro desde el lustre del buen nombre y del viejo prestigio. Y cuando se vive de esta manera en realidad no se vive, sino se desvive; porque [se pierde] todo contacto y contorno de futuro.”

h. c. f. mansilla: una síntesis posible entre comunitarismo y liberalismo

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“Como afirmaron autores de la Escuela de Frankfurt, la argumentación racional sobrepasa el propio contexto donde ésta ha surgido y supera la llamada etnocentricidad de cada sujeto. Una identidad personal y grupal más o menos lograda puede ser, al mismo tiempo, nacional y universal: se puede combinar, por ejemplo, una moral universalista y moderna (como los derechos humanos) con un sentimiento nacional que preserve algunos elementos particularistas. Lo que hace falta es una actitud crítica global en torno a los aspectos negativos de las tradiciones nacional-particularistas y con respecto a los lados inhumanos de la visión moderna-universalista.” 

H. C. F. Mansilla, “Las ambivalencias de la democracia contemporánea en un mundo insoportablemente complejo e insolidario“.

[Más recortes en mi Fragmentario.]

el estado: ¿predador o virtuoso?

Gustavo Doré, La destrucción del Leviatán

Para los economistas neoclásicos y los teóricos de la elección pública (public choice), la intervención directa del gobierno en economía y la expansión estatal sería siempre disruptiva y dañina para la eficiencia económica, ya que el estado utilizaría recursos de manera subóptima, fomentaría el rentismo (rent-seeking) y exacerbaría las inequidades y desigualdades en una sociedad[1].

Como prueba de ello, estarían, por un lado, los países latinoamericanos que- como México – apostaron por una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y fracasaron en el largo plazo[2] y, por otro lado, estarían los países del Este asiático que – como Taiwán – habrían decidido apostar por  un modelo orientado a las exportaciones y se habrían limitado a crear las condiciones necesarias para que el mercado funcionara bien, obteniendo como resultado un crecimiento económico espectacular[3].

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le clézio en la picota

“Desde luego que las peores novelas de Le Clézio [...] carecen de tensión intelectual. Es inútil esforzarse: uno no encontrará un aforismo, una idea finamente pulida entre sus frases. Tampoco es fácil hallar, entre tantas imágenes, un plan, un firme trazado conceptual de las obras. Si hay hallazgos, no son intelectuales; y a menudo no hay hallazgos. Antes que ideas, abundan los prejuicios morales – el campo inocente y la ciudad corrupta, el civilizado rapaz y el buen salvaje. Además, eso: no hay vigor intelectual en estas novelas porque no hay, entre sus tapas, un examen severo de la realidad. Si Le Clézio sitúa una de sus ficciones en Mauricio, no es para explorar la isla sino para elogiarla, si la ubica en París, es para censurar la ciudad – y, de paso, todas las ciudades occidentales. O el aplauso o el escupitajo, rara vez el cuestionamiento de la realidad elegida.”

Rafael Lemus sobre J. M. G. Le Clézio, en “El Nobel en la picota”, Letras Libres, número 61, abril de 2009. 

[Más recortes en mi Fragmentario.]

toni morrison en la picota

“En una entrevista publicada en 1993 en The Paris Review, Morrison le dice a sus entrevistadoras que ella quiere escribir como canta Ella Fitzgerald o Nina Simone: voces distintivas pero, antes que nada, inconfundiblemente afroamericanas. Escribir novelas afroamericanas, ¿antes que nada afroamericanas?, le preguntan. Sí, dice Morrison. ¿Antes que escribir literatura? Definitivamente, responde la escritora. No cabe duda de que en las primeras novelas de Morrison hay una búsqueda valiosa a nivel del lenguaje: Morrison buscaba reproducir, en los ritmos y cadencias de su prosa, la musicalidad particular del habla de los afroamericanos. Y la verdad es que lo logra magníficamente: sus novelas se oyen bien. En Tar Baby (1981; La isla de los caballeros) y en Beloved, quizá, se escucha mejor que nunca el eco de la tradición oral afroamericana, ese storytelling del cual proviene su mejor literatura. La cuestión es si uno está dispuesto a seguir oyéndola así porque sí, porque suena bien, durante nueve novelas, en vez de poner un disco de Nina.”

Valeria Luiselli sobre Toni Morrison en “El Nobel en la picota”, Letras Libres, número 61, abril de 2009.

[Más recortes en mi Fragmentario.]

garcía márquez en la picota

“En cuanto a Cien años de soledad, aventuro que pasará a formar parte de la literatura para jóvenes o niños. Los Buendía quedarán emparentados con la familia Mumín. Macondo cobrará su decisiva forma de pisapapel e, igual que en los pisapapeles, importará poco la intensidad de la lluvia o de la nieve, puesto que el mundo está al abrigo de una bola de cristal. (Ese abrigo que se ha dado en llamar realismo mágico, un método para abaratar epifanías.) Macondo podrá entregarse a jóvenes y niños en la confianza de que lo terrible está domesticado y que cualquier desgracia resulta irrelevante. No habrá necesidad de cerrar las tapas de un portazo, porque siempre el autor borrará lo inadmisible con la dulzura de la siguiente frase.”

 Antonio José Ponte sobre Gabriel García Márquez en “El Nobel en la picota”, Letras Libres, número 61, abril de 2009. 

[Más recortes en mi Fragmentario.]

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